El testimonio de Andrea inspiró y emocionó al público, como en otras oportunidades. Tomar su ejemplo y convertir las experiencias negativas en positivas, para cambiar la vida de otros, fue uno de los comentarios que surgieron luego de su presentación.
“Aprendí muchísimo, conocí organizaciones, compañeros, en su mayoría mujeres comprometidas, que desde el lugar donde les toca estar intentan hacer un mundo más justo con lugar para todos”, reflexionó Andrea.
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| Andrea Casamento junto a Teresa Njoroge. Foto: Luciano Cadoni |
“Quedó claro que todo recae sobre las mujeres, que además tienen al cuidado a sus hijos y no saben cómo enfrentar esta situación que las desborda”, señaló Andrea y destacó que en general las mujeres se sienten incomprendidas: “Y es verdad, porque son ellas quienes además de transitar por esta situación difícil, tienen que tener la solución a un problema complejo con múltiples aristas”. Para ella, al tratarse de una problemática de gran dimensión, las organizaciones deben elegir qué abordaje realizar, por ejemplo, en el caso de Teresa, su organización se orienta a preparar para el mundo del trabajo a las mujeres que recuperan la libertad.
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| Andrea Casamento junto a Luciano Cadoni (CWS), reunidos con integrantes del proyecto Echoes of Incarceration. |
Andrea tuvo además la oportunidad de visitar, aprender y compartir
saberes con organizaciones y grupos que trabajan con temáticas relacionadas
como: la Alianza de
familias por la justicia, el Centro de Oportunidades de Empleo, la Comisión de Mujeres
de la OEA, el proyecto Echoes of Incarceration,
y Osborne
Association. La semana cerró con una visita a la cárcel de mujeres
de la isla de Rikers, una oportunidad que le permitió entender más acerca del
sistema penitenciario de Estados Unidos.
Visita a la cárcel de Rikers
“Respecto de Rikers tengo para escribir una biblioteca, de hecho estamos escribiendo un borrador para una publicación que compara una cárcel de allá con una de acá (Argentina)”, puntualizó Andrea sobre esta cárcel que catalogó como un lugar limpio y habitable, pero con extremas medidas de seguridad.
La fundadora de ACIFAD comentó que durante la visita no pudieron conversar con ninguna de las mujeres privadas de libertad, ya que “estaban muy medicadas” y añadió que la visita permitió conocer “la barbaridad a la que se somete a esas mujeres, que si logran salir de allí se les va a pedir que sean buenas madres”.
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| Isla de Rikers. Foto: NY Daily News Archive |
Para Andrea, en Rikers, las personas privadas de libertad pierden contacto con la realidad. "Pasás a ser una posesión del estado totalmente despersonalizada”, expresó. Esto se evidencia desde el uso de uniformes hasta el relacionamiento con las familias que, por ejemplo, tienen prohibido ingresar alimentos al centro penitenciario. Otro capítulo es el consumo problemático de sustancias de muchas de las personas privadas de libertad, quienes no reciben ningún tipo de tratamiento”, agregó.
“El punto es de qué hablamos cuando hablamos de seguridad, porque acá y allá, estos lugares son totalmente inseguros para las personas que los habitan y quienes los circundan, es decir, trabajadores del lugar, familias, hijos. Y la verdad tampoco nos garantiza que una vez cumplida la condena, la sociedad va a estar más segura. La pregunta sería, para qué encerramos a las personas sometiéndolas a estas barbaridades, si lo único que aporta es dolor y sufrimiento pero ninguna solución. Y esto es así en todo el mundo”, sentenció Andrea.
Para ella, entre otras conclusiones, esta visita le confirmó nuevamente que no se puede trabajar con hijos/as de personas privadas de libertad sin conocer la realidad que viven sus padres, ya que se trata de una realidad que también viven los niños, niñas y adolescentes.



